... Gotas de lluvia saladas que inundan las calles de ésta ciudad. Las vías parecen rios que con sus corrientes se llevan vidas ajenas a los ojos de los demás viajeros.
Sentada en el andén, mi tren no llega y la lluvia empieza a mojar mi ropa, traspasándome el alma. Veo pasar uno tras otro los trenes mientras sigo esperando mi suerte. Gente que viene, ansiosa por encontrarse de nuevo con aquellas caras que casi ya ni recuerdan; gente que va, con ganas de volver a ver a esa persona especial.
Pero no, hoy no llega mi tren. Esta vez no has venido a por mi, se te olvidó bajar en mi parada...