...Un amanecer en cualquier ciudad, a la misma hora de siempre.
Sus cuerpos yacen desnudos enredados bajo el edredón.
A su lado, todavía sigue puesta la mesa con las velas encendidas, las mismas que devolvieron la luz a las tinieblas de las vidas de ambos, quemando malos recuerdos y dejando así huecos vacios que no tardarían en llenarse de un eterno amor...
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