… Y si, necesitaba evadirse, necesitaba respirar esporádicamente libertad.
No era más fuerte que meses atrás, pero su corazón estaba tan roto que pensaba las cosas con la cabeza más fría.
Ahora era el momento de pensar en ella misma, de olvidarse por instantes de la sensación amarga que rodeaba su vida.
Aquella noche no era como todas las demás: un baño relajante, el mejor perfume en puntos estratégicos de su piel, aquellos tacones de infarto y el vestido que más bella le hacía; un poco de antiojeras para disimular el hundimiento de sus ojos, maquillaje para ocultar la tristeza de su cara, un poco de máscara para darle expresión a su mirada y un toque de gloss para hacer sus labios más que apetecibles.
Se miró al espejo y volvió a sentirse guapa. Ahora era el momento de volver a sentirse como la princesa que era…
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